Donas Venecia

Tanto tiempo que ha pasado.
Tanto tiempo sin preguntar.
Ya habías perdido esa memoria. Se te había olvidado ese habito.
Las imágenes borrosas, muy pocas. Pero bien que retuviste el sabor.

Viajar en carro. La música a buen volumen. Pegado a la ventana. Observando las casas con las luces apagadas. Te preguntabas si la gente ya estaban dormidos. ¿Que tan noche era? No importaba.
La carretera, el ámbito alrededor. Las rayas trocándose en una misma. Los ojos sin parpadear.
Llegabas al estacionamiento. Valía la pena el anti-redituar la pereza? Te bajabas del carro sin pensar. Sin gastar energía en cavilar. Como un robot entrabas y apuntabas al otro lado de la vitrina.
Tu torcido ibas a manducar. Siempre el mismo tipo. No apreciando indiferencia en el sabor. No importando el repertorio de los panes. Tu ya sabias lo que ibas a pedir. Proyectándote hacia el carro. No importando el nombre del local. Tu torcido ibas a disfrutar.
Cada vez que iban de visita, nunca fallaba el alto en ese lugar.

Coincidentemente, estabas viajando al pasado. Cuando por fin encontraste ese lugar. Mas de 6 años de pasar por ahí, nunca lo viste. Nunca volteaste. Nunca imaginaste. Hasta hoy.
Tanto tiempo que escuchabas el nombre, tantos folletos que te dieron en la calle. Eran pistas que buscaban activar la memoria de tu cerebro. Siendo todo obsoleto.

Por fin entraste el día de hoy. Por fin te acordaste, conectaste los cables.
La reaparición de la imagen. El efecto del sentir. La realidad del recuerdo. La aptitud de la meditación, abordando el barco de la remembranza, viviendo el momento, una vez mas. Por mas corto que sea, al final, tu alma lo endecha, como si lo hubieras perdido ayer.

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