▲El Hombre del Pozo◄
Capítulo I
Estamos en una ciudad desconocida, un lugar oscuro, tenebroso, un lugar donde la única luz que ves es la de los faroles en las calles y el reflejo de la luz de la luna.
Él estaba ahí, mi novio Jorge Israel Torres, de haber sabido lo que iba a pasar hubiera preferido alguien más.
Llegamos a una casa abandonada, se encuentra a la orilla del rio, una casa hecha de madera toda gastada, sin ventanas, puertas todas caídas, es inmensa no sabes dónde empieza y dónde termina, llegamos a una puerta, de hecho creo que es la puerta de atrás, no entramos; hay un pozo, de esos que la gente dice que cumplen deseos, pero este no es como los demás, este pozo no tiene agua, ni le tiras monedas, ni piedras, ni le cantas diciendo tus más íntimos deseos, lo que tu ofreces al pozo son niños.
El trato no es con ningún ser mágico, es con un hombre, el hombre del pozo, alto, con cabello negro y ojos claros como cristalinos o grises, todos saben quién es él una representación del mal, de la oscuridad en el mundo, un ángel caído (hagan sus propias conclusiones).
Pasamos por el pozo y unos ojos nos vean y se escucha una risa, tan fuerte que se alcanzo a escuchar en toda la ciudad, agarro a Jorge del brazo y me dice que no me preocupe que todo está bien, en su voz se escucha una tranquilidad y opto por calmarme y hacer lo que vinimos a ser.
Primero Jorge, coloca a un niño de no más de 10 años en la orilla del pozo; tez morena, pelo negro, ojos verdes/miel, lleva una camiseta azul con rayas blancas, pantalones cortos color gris/verde oscuro, no trae zapatos; de pronto solo vemos con algo agarra al niño y desaparece, no recuerdo lo que pidió Jorge creo algo que ver con el deporte o su condición física o su cuerpo.
Ahora me toca a mí, coloco a la niña a la orilla del pozo igual que como hizo Jorge, es una niña muy bonita, de cabellera rubia y tez blanca, no logro ver sus ojos ya que en todo momento ella los tiene cerrados, lleva un vestido blanco con encajes, no trae zapatos, le pido saber la verdad y en un instante la pequeña niña desaparece y en mis manos llega un libro viejo.
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